Cuando hace muchos años decidí estudiar periodismo, una de mis motivaciones era la de aprender a expresar de mejor manera mis opiniones, mis sentimientos y mis reflexiones para, ¿por qué no?, encontrar un lugar donde publicarlos. A medida que se acercaba esa posibilidad me invadió el miedo: miedo a que no gusten mis palabras, miedo a hacer daño a quien quiero, miedo a no ser comprendida, miedo al rechazo... miedos, miedos, miedos... y en vista de que en 20 años solo he escrito cartas comerciales no he sido precisamente valiente, ¿verdad?.
Bien, pues nunca es tarde para cambiar y hoy me he topado de frente conmigo misma y casi no me reconozco. Quiero recuperarme y quiero reencontrar mi valor. Hoy abro este blog para obligarme a reflexionar, para atreverme a decir lo que quiera, sobre lo que me apetezca, porque tengo derecho a decirlo, y tengo también derecho a cambiar de opinión. Ojalá tenga el privilegio de que lo leas, lo disfrutes e, incluso, lo comentes -pues le vendrá muy bien a mis reflexiones- ...
Quiero escribir desde mi verdadero punto de vista, mi paradigma, y con la intención de encontrar el lado positivo de todo aquello que me inspire, pues, como bien han demostrado muchos seres humanos -de esos que han dejado huella en su vida terrenal-, no hay nada tan malo que no tenga parte buena, y toda la oscuridad es susceptible de ser iluminada. Eso pretendo ser desde aquí: una luz en el sendero... de mi vida... de quien por ella me acompañe... y de quien por estas letras navegue. No sé si sabré encontrar tiempo, inspiración y disciplina, pero -al menos hoy- aquí estoy...